En un remoto rincón de la galaxia en un lejano planeta vivía prexis un pequeño ser de estatura pequeña orejas puntiagudas ojos grandes y azules,en ese planeta cada individuo tenía sus quehaceres los mayores cuidaban una plantación de una especie de plata que les daba su sustento,los más jóvenes se dedicaban a la tecnología,y los más pequeños,estudiaban, y jugaban,vivían en comunidad su planeta tenía día y noche de día el sol abrasaba y por las no noches helaba así que vivían en unas burbujas donde protegerse de esos elementos tenían prohibido salir del recinto,pero prexis cada noche se escapaba con su potente telescopio,miraba un Punto de la galaxia un planeta de color azul le tenía fascinado parecía un diamante brillando en la galaxia,una noche mirando vio que una parte de ese planeta ya no era tan azul y preguntó a uno de los más mayores e la comunidad,que le estaba pasando a ese planeta remoto que ya no era tan brillante y azul,el anciano le respondió,prexis son los habitantes de ese planeta quien lo están destruyendo no te preocupes aquí vivimos bien déjalos que en unas lunas ese planeta se extinguirá, prexis salió triste por las cosas que escuchó, y pensó me gustaría viajar a ese planeta hablar con su líder y decirle que no destruyan ese diamante azul que desde mi planeta se ve así de bonito.. continuará..
viernes, 24 de mayo de 2019
miércoles, 22 de mayo de 2019
No llores en mi entierro;
no merece la pena.
No me lleves flores «porfa»;
están muy caras y pronto se marchitan.
Guárdame en tu memoria como un recuerdo de infancia;
como un secreto de amor.
Llévame en tu pensamiento siempre…
A la hora del café de la mañana.
Cuando sientas en los labios el calor del vino tinto.
Cuando estreches una mano,
cuando rías;
cuando te den un abrazo.
Llévame en tu pensamiento siempre,
cuando te acaricie el viento,
cuando te frotes los ojos de cansancio frente al ordenador…
Y llévame en tu recuerdo cuando mires las estrella o la luna,
cuando llueva;
cuando abras el paraguas y el viento te lo desarme…
Llévame por favor en tus logros y fracasos.
No me llores…
No me lleves flores…
Mejor llévame contigo.
Guárdame en tu memoria como un recuerdo de infancia.
Como un secreto de amor…Gudea de Lagash
no merece la pena.
No me lleves flores «porfa»;
están muy caras y pronto se marchitan.
Guárdame en tu memoria como un recuerdo de infancia;
como un secreto de amor.
Llévame en tu pensamiento siempre…
A la hora del café de la mañana.
Cuando sientas en los labios el calor del vino tinto.
Cuando estreches una mano,
cuando rías;
cuando te den un abrazo.
Llévame en tu pensamiento siempre,
cuando te acaricie el viento,
cuando te frotes los ojos de cansancio frente al ordenador…
Y llévame en tu recuerdo cuando mires las estrella o la luna,
cuando llueva;
cuando abras el paraguas y el viento te lo desarme…
Llévame por favor en tus logros y fracasos.
No me llores…
No me lleves flores…
Mejor llévame contigo.
Guárdame en tu memoria como un recuerdo de infancia.
Como un secreto de amor…Gudea de Lagash
martes, 21 de mayo de 2019
Hola hace días que no escribo nada, no por que no tenga cosas que pueda escribir,si las tengo pero entre en una dinámica un poco extraña,hay días que me siento desconcertada no se de que me extraña se supone que ya estoy acostumbrada a esa sensación de alegría desencanto euforia y frustración ,creo que son mis neuronas que necesitan recambio pero eso es como pedir que me ame todo el mundo así como a una actriz famosa,ayer fue mi cumpleaños y la verdad me hicieron una pequeña fiesta pero no tenía muchas ganas de fiesta,pero por no defraudar a las personas que lo organizaron intente,no dar la nota y aguante todo como una campeona jaja espero que el próximo si aún estoy en este planeta pueda estar mejor de ánimo.. un besito
miércoles, 15 de mayo de 2019
lunes, 13 de mayo de 2019
En tiempos lejanos el Universo era un inmenso globo de cristal purísimo. En su materia transparente estaban incrustadas las estrellas. En el centro de esta esfera se hallaba la Tierra. En sus corrientes de agua cristalina, que corrían por valles claros, vivían los dioses. Éstos habitaban en palacios de mármol y cuidaban del orden y del concierto de todos los fenómenos por orden de Zeus, supremo Rey dela Creación.
Febo, dios del sol, estaba encargado de dar luz y calor a la Tierra. Sobre su carro esplendente- tirado por caballos indómitos que sólo obedecían a su auriga- recorría diariamente la amplia ruta del espacio. Los rayos ardientes del carro pasaban a una justa distancia de la superficie de la tierra. El curso era regular, de oriente a occidente, y la luz y el calor, nunca excesivos, maduraban las mieses y hacían felices a los hombres. Entre éstos vivía entonces Faetón, gallardo hijo de Febo y su esposa Climena, cuyo corazón rebosaba de orgullo cuando veía pasar en lo alto el espléndido carro de su padre. Éste no podía detenerse nunca para hacer una caricia a su hijo; ni siquiera una mirada podía dirigirle,ocupado siempre en conducir sus indómitos corceles.
Faetón no se consolaba de esta falta de consideración de su padre. En más de una ocasión fue ridiculizado por los hombres, quienes sospechaban que la paternidad de Febo era pura fábula y mentira. Para demostrar al mundo que él era, efectivamente, hijo del dios del sol, el joven se presentó a éste, en su morada celestial.
Febo recibió a su hijo en su sala esplendente, sentado en su trono de luz, acompañado de las cuatro Estaciones y circundado por las veinticuatro doncellas de las Horas.
Qué ocurre, hijo? preguntó el dios a Faetón Qué pena te apesadumbra? Qué te falta allá, sobre la Tierra?
Padre mío: tu indiferencia hacia mí cuando pasas, guiando tus corceles por la ruta del cielo, hace pensar a los hombres que no es cierto que soy hijo tuyo. Necesito demostrarles que están en un error. A decir verdad, yo mismo dudo a veces de que seas realmente mi padre.
No lo dudes, faeton Tú eres hijo mío, te lo aseguro. Para darte una prueba de ello, prometo concederte el don que me pidas
Cualquiera que sea mi deseo
Cualquier deseo tuyo será satisfecho, hijo mío; habla.
- Pues bien,quiero ver lo que ningún ojo humano ha visto hasta ahora: la esfera de cristal del Universo desde la ruta que recorres diariamente en la bóveda del cielo.Quiero subir sobre tu carro de luz y guiar un día entero tus veloces caballos.
Al oír tales palabras, Febo se arrepintió de haber prometido que iba a acceder a cualquier petición de su hijo. No podía permitir que éste corriera el riesgo de una catástrofe, provocando un desastre irreparable.
-Hijo mío-exclamó el dios en tono persuasivo-: no tienes idea de lo que significa regir esos corceles para que no se aparten de la ruta fijada. Son caballos indómitos,que sólo la mano de un dios puede sujetar.
Faetón meneó la cabeza. Quería significar que ninguna razón podía apartarlo de su propósito. Debía concedérsele lo prometido.
-¿No comprendes, hijo, que un solo momento de descuido, un instante de debilidad,hará que el carro se desvíe de la ruta? Un pequeño alejamiento de la Tierra provocaría la muerte de todos los seres vivos por falta de calor; una pequeña aproximación secaría los arroyos, los ríos, los mares y todas las fuentes quedan vida a las plantas, a los animales y a los hombres.
Ni los argumentos ni el tono doliente y persuasivo de Febo conmovieron al terco joven.
-Quiero demostrar a los hombres que soy digno hijo del dios del sol. Estoy seguro de que guiaré con firmeza tus caballos.
Agotados todos los argumentos, Febo recurrió a los ruegos y súplicas; pero Faetón mantuvo firmemente su decisión. La promesa debía ser cumplida.
A la hora señalada por Zeus desde los tiempos más remotos, el carro del sol estaba listo para emprender la diaria carrera por el firmamento. En el momento en que el joven empuñó las riendas, Febo, temeroso de lo que pudiera hacer su hijo, le hizo las últimas recomendaciones.
-Espero que Zeus te dé fuerzas para mantener sujetos a los caballos durante la jornada entera. No descuides ni un instante las riendas. No te distraigas y, sobre todo, no trates de mirar hacia abajo.
Faetón ardía de impaciencia. Con las riendas en su puño firme, esperaba el minuto preciso del comienzo de la carrera. Estaba seguro de que el éxito coronaría felizmente su audaz empresa, logrando así la consideración y el respeto que le negaban los hombres.
Al comienzo,la carrera se desarrolló normalmente. Parecía que los caballos no habían advertido el cambio de auriga. El carro refulgente hora daba las sombras, y los caballos seguían la ruta acostumbrada.......
Ahora se despiertan los pájaros en sus nidos. A mi paso me saludan las aves con sus cantos. Todos los elementos de la tierra elevan hacia mí himnos de gracia. Ellos no saben, ni pueden imaginarse, que no es Febo el que guía hoy el carro del sol".
Así iba pensando Faetón mientras los corceles, regidos por las riendas tensas, seguían por la ruta del cielo. El joven se imaginaba el espectáculo que a su paso se desarrollaba sobre la Tierra, cintas de ríos y arroyos centelleantes, brillo de olas marinas, verde de praderas inmensas, juego de nubes y trabajo fecundo de hombres laboriosos. ¡Qué hermoso debía ser ese espectáculo visto desde las alturas! Y en un momento de debilidad, en un instante de olvido de las recomendaciones paternas, el inexperto auriga dirigió la mirada hacia abajo.Fue un momento, más breve que el zigzaguear de un relámpago. Una de las riendas quedó floja; uno de los corceles lo advirtió y se separó lateralmente; los otros fueron atraídos por el primero, y el carro se desvió de la ruta.
Faetón quiso enderezar el curso para tomar el rumbo cierto, pero sus brazos no tuvieron fuerza suficiente para ello. Los corceles siguieron apartándose, indóciles al puño que los regía.
Cuando el carro del sol se acercó a la Tierra, vastas regiones ardieron de súbito. Campos y ciudades fueron presa de las llamas, y en poco tiempo, cultivos, arboledas, aldeas y urbes se transformaron en ceniza. Grandes humaredas se elevaron al cielo, y Faetón se desesperaba al comprobar la inutilidad de sus esfuerzos. Aferrado a las riendas, veía con espanto que los caballos se alejaban ahora de la tierra. Un frío intenso sembró la muerte sobre vastas regiones. Ni plantas ni animales sobrevivieron en ellas. Los hombres corrían despavoridos en busca de los rayos del sol, pero éstos eran tan débiles por su lejanía, que el calor era insuficiente para mantener la vida.
Cuando Zeus, advertido del curso irregular del carro del sol, vio desde su trono que era una mano inexperta la que empuñaba las riendas, tomó uno de sus rayos y lo lanzó al espacio
El rayo golpeó en pleno pecho al audaz auriga, y éste soltó las riendas y se precipitó en el vacío. El carro del sol se detuvo un momento, y Febo volvió a ocupar supuesto. Todo volvió a su quicio, la vida de la Tierra retomó su curso normal, y el desastre ocurrido asumió el carácter de un incidente pasajero. Pero en el país de Faetón persistió el recuerdo de su audaz empresa.......
Febo, dios del sol, estaba encargado de dar luz y calor a la Tierra. Sobre su carro esplendente- tirado por caballos indómitos que sólo obedecían a su auriga- recorría diariamente la amplia ruta del espacio. Los rayos ardientes del carro pasaban a una justa distancia de la superficie de la tierra. El curso era regular, de oriente a occidente, y la luz y el calor, nunca excesivos, maduraban las mieses y hacían felices a los hombres. Entre éstos vivía entonces Faetón, gallardo hijo de Febo y su esposa Climena, cuyo corazón rebosaba de orgullo cuando veía pasar en lo alto el espléndido carro de su padre. Éste no podía detenerse nunca para hacer una caricia a su hijo; ni siquiera una mirada podía dirigirle,ocupado siempre en conducir sus indómitos corceles.
Faetón no se consolaba de esta falta de consideración de su padre. En más de una ocasión fue ridiculizado por los hombres, quienes sospechaban que la paternidad de Febo era pura fábula y mentira. Para demostrar al mundo que él era, efectivamente, hijo del dios del sol, el joven se presentó a éste, en su morada celestial.
Febo recibió a su hijo en su sala esplendente, sentado en su trono de luz, acompañado de las cuatro Estaciones y circundado por las veinticuatro doncellas de las Horas.
Qué ocurre, hijo? preguntó el dios a Faetón Qué pena te apesadumbra? Qué te falta allá, sobre la Tierra?
Padre mío: tu indiferencia hacia mí cuando pasas, guiando tus corceles por la ruta del cielo, hace pensar a los hombres que no es cierto que soy hijo tuyo. Necesito demostrarles que están en un error. A decir verdad, yo mismo dudo a veces de que seas realmente mi padre.
No lo dudes, faeton Tú eres hijo mío, te lo aseguro. Para darte una prueba de ello, prometo concederte el don que me pidas
Cualquiera que sea mi deseo
Cualquier deseo tuyo será satisfecho, hijo mío; habla.
- Pues bien,quiero ver lo que ningún ojo humano ha visto hasta ahora: la esfera de cristal del Universo desde la ruta que recorres diariamente en la bóveda del cielo.Quiero subir sobre tu carro de luz y guiar un día entero tus veloces caballos.
Al oír tales palabras, Febo se arrepintió de haber prometido que iba a acceder a cualquier petición de su hijo. No podía permitir que éste corriera el riesgo de una catástrofe, provocando un desastre irreparable.
-Hijo mío-exclamó el dios en tono persuasivo-: no tienes idea de lo que significa regir esos corceles para que no se aparten de la ruta fijada. Son caballos indómitos,que sólo la mano de un dios puede sujetar.
Faetón meneó la cabeza. Quería significar que ninguna razón podía apartarlo de su propósito. Debía concedérsele lo prometido.
-¿No comprendes, hijo, que un solo momento de descuido, un instante de debilidad,hará que el carro se desvíe de la ruta? Un pequeño alejamiento de la Tierra provocaría la muerte de todos los seres vivos por falta de calor; una pequeña aproximación secaría los arroyos, los ríos, los mares y todas las fuentes quedan vida a las plantas, a los animales y a los hombres.
Ni los argumentos ni el tono doliente y persuasivo de Febo conmovieron al terco joven.
-Quiero demostrar a los hombres que soy digno hijo del dios del sol. Estoy seguro de que guiaré con firmeza tus caballos.
Agotados todos los argumentos, Febo recurrió a los ruegos y súplicas; pero Faetón mantuvo firmemente su decisión. La promesa debía ser cumplida.
A la hora señalada por Zeus desde los tiempos más remotos, el carro del sol estaba listo para emprender la diaria carrera por el firmamento. En el momento en que el joven empuñó las riendas, Febo, temeroso de lo que pudiera hacer su hijo, le hizo las últimas recomendaciones.
-Espero que Zeus te dé fuerzas para mantener sujetos a los caballos durante la jornada entera. No descuides ni un instante las riendas. No te distraigas y, sobre todo, no trates de mirar hacia abajo.
Faetón ardía de impaciencia. Con las riendas en su puño firme, esperaba el minuto preciso del comienzo de la carrera. Estaba seguro de que el éxito coronaría felizmente su audaz empresa, logrando así la consideración y el respeto que le negaban los hombres.
Al comienzo,la carrera se desarrolló normalmente. Parecía que los caballos no habían advertido el cambio de auriga. El carro refulgente hora daba las sombras, y los caballos seguían la ruta acostumbrada.......
Ahora se despiertan los pájaros en sus nidos. A mi paso me saludan las aves con sus cantos. Todos los elementos de la tierra elevan hacia mí himnos de gracia. Ellos no saben, ni pueden imaginarse, que no es Febo el que guía hoy el carro del sol".
Así iba pensando Faetón mientras los corceles, regidos por las riendas tensas, seguían por la ruta del cielo. El joven se imaginaba el espectáculo que a su paso se desarrollaba sobre la Tierra, cintas de ríos y arroyos centelleantes, brillo de olas marinas, verde de praderas inmensas, juego de nubes y trabajo fecundo de hombres laboriosos. ¡Qué hermoso debía ser ese espectáculo visto desde las alturas! Y en un momento de debilidad, en un instante de olvido de las recomendaciones paternas, el inexperto auriga dirigió la mirada hacia abajo.Fue un momento, más breve que el zigzaguear de un relámpago. Una de las riendas quedó floja; uno de los corceles lo advirtió y se separó lateralmente; los otros fueron atraídos por el primero, y el carro se desvió de la ruta.
Faetón quiso enderezar el curso para tomar el rumbo cierto, pero sus brazos no tuvieron fuerza suficiente para ello. Los corceles siguieron apartándose, indóciles al puño que los regía.
Cuando el carro del sol se acercó a la Tierra, vastas regiones ardieron de súbito. Campos y ciudades fueron presa de las llamas, y en poco tiempo, cultivos, arboledas, aldeas y urbes se transformaron en ceniza. Grandes humaredas se elevaron al cielo, y Faetón se desesperaba al comprobar la inutilidad de sus esfuerzos. Aferrado a las riendas, veía con espanto que los caballos se alejaban ahora de la tierra. Un frío intenso sembró la muerte sobre vastas regiones. Ni plantas ni animales sobrevivieron en ellas. Los hombres corrían despavoridos en busca de los rayos del sol, pero éstos eran tan débiles por su lejanía, que el calor era insuficiente para mantener la vida.
Cuando Zeus, advertido del curso irregular del carro del sol, vio desde su trono que era una mano inexperta la que empuñaba las riendas, tomó uno de sus rayos y lo lanzó al espacio
El rayo golpeó en pleno pecho al audaz auriga, y éste soltó las riendas y se precipitó en el vacío. El carro del sol se detuvo un momento, y Febo volvió a ocupar supuesto. Todo volvió a su quicio, la vida de la Tierra retomó su curso normal, y el desastre ocurrido asumió el carácter de un incidente pasajero. Pero en el país de Faetón persistió el recuerdo de su audaz empresa.......
miércoles, 8 de mayo de 2019
Como dice una amiga mía la vida no es fácil hay días buenos,regulares y malos yo los tengo todos a días eso si con una sonrisa hoy hace años que me dejo uno de los hombres que más quise en mi vida mi abuelo Fernando un ser genial como pocos es mi Ángel me cuida no se si en el cielo pero no se el decía que le gustaría ir al infierno por que según el estaban ahi putas y toreros nunca entendí eso jaja pero era un tipo genial algún día iré a verte abuelo .tq
❤
Aun te veo en el jardín regando las plantas,
En la silla que siempre te sentabas,
Y el periódico aun te espera,
Las calles se sienten solas,
Sin un viejo que las camine,
Tus amigos de la plaza los veo a todos,
Excepto uno, que quizá ya te alcanzo allá a dónde van los abuelos,
Me haces falta,
Y como no,
Tus consejos,
Tus historias,
Y las cosas de las que siempre te quejabas,
Y las cosas que nos hacían reír, aun me rio con ellas,
Siempre te llevare conmigo,
Un día más, un día menos y mis pensamientos te seguirán,
Te buscaran,
Yo sé que no te has ido,
Debes estar ahí en el universo,
Latiendo.
Muak abuelo❤
❤
Aun te veo en el jardín regando las plantas,
En la silla que siempre te sentabas,
Y el periódico aun te espera,
Las calles se sienten solas,
Sin un viejo que las camine,
Tus amigos de la plaza los veo a todos,
Excepto uno, que quizá ya te alcanzo allá a dónde van los abuelos,
Me haces falta,
Y como no,
Tus consejos,
Tus historias,
Y las cosas de las que siempre te quejabas,
Y las cosas que nos hacían reír, aun me rio con ellas,
Siempre te llevare conmigo,
Un día más, un día menos y mis pensamientos te seguirán,
Te buscaran,
Yo sé que no te has ido,
Debes estar ahí en el universo,
Latiendo.
Muak abuelo❤
lunes, 6 de mayo de 2019
Me gusta pensar que voy a verte.
No sé en qué lugar, ni en qué estación o circunstancia. No sé si hoy o mañana, en unos años o en alguna otra vida.
No sé si siendo niños, jóvenes o ancianos.
En forma de personas, de agua, de piedra, flor y tierra, o lluvia y cielo.
Sólo pensar que voy a verte de algún modo...
en algún tiempo en que nuestros destinos coincidan nuevamente.
Sólo pienso en eso....
No sé en qué lugar, ni en qué estación o circunstancia. No sé si hoy o mañana, en unos años o en alguna otra vida.
No sé si siendo niños, jóvenes o ancianos.
En forma de personas, de agua, de piedra, flor y tierra, o lluvia y cielo.
Sólo pensar que voy a verte de algún modo...
en algún tiempo en que nuestros destinos coincidan nuevamente.
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