jueves, 3 de octubre de 2013
Buenos dias buenas noches:el otro dia me entere que un buen amigo al que aprecio mucho tiene esa enfermedad que nadie quiere nombrar nose el porque la palabra cancer hace sentir temor pero lo que.menos necesita el enfermo es mensajes de condolencia.al contrario los enfermos de cancer necesitamos si dije bien necesitamos mensajes alegres no como algunos dijeron que parecia un velatorio jope si de esto se sale..con valentia aunque recaigas mil veces nunca se tira la toalla por muy mal que te sientas luchar siempre.aunque pienses que no puedes mas.la vida a pesar de todo es un regalo solo mira al cielo una noche estrellada un amanecer un atardecer vale la pena vivir ..mi animo a todos los que luchamos con esto nuncan se rindan un beso...viva la vida
lunes, 30 de septiembre de 2013
Vi que en mi corazón había algunas grietas causadas por las desilusiones, entonces también decidí darle una resanadita con una mezcla de ilusiones y esperanzas……
Luego me puse a barrer minuciosamente, cuidando de no dejar ni la más mínima mancha de polvo; era necesario para que quedará mi alma limpia de toda mezquindad….
Planché con sumo cuidado mi alma, por si había quedado alguna arruguita provocada por la duda o desconfianza, la deje impecable….
Me quede asombrada al final de mi tarea...
martes, 24 de septiembre de 2013
hola amigos. Hoy estoy triste. les cuento hace como ocho años tuve que dejar a unos familiares a mi perrita una yorsire terrier por problemas de salud no podía cuidarla .cuando iba a verla que a veces era muy de tarde en tarde por que no estaba en España.. no se separaba ni un
instante de mi hoy me dijeron que murió ayer y yo lejos sin poder despedirme...te quiero mi chispita...
instante de mi hoy me dijeron que murió ayer y yo lejos sin poder despedirme...te quiero mi chispita...
Tu lengua es el país de fuego
donde no hay relojes,
donde la palabra dura y difícil,
da vueltas y vueltas
peregrinando a trancos
donde el salivajo
mancha los manteles
sin cortarle el paso.
Cuando un solo de tripas la sorprende
en el deseo de ahorcarse
envuelta en una tira de bacon,
queso horadado suizo
y un pedazo de pan,
tu lengua de azúcar
rompe las murallas de la mala palabra,
se instala en el café
después de la certeza de ser dios
prendido al paladar
por las diptongaciones.
Tu lengua es un tambor,
la gran detonación que estalla en el silencio
y no transige
ante el dolor de muelas
o ante el sueño.
Contigo dormirse
ya no es noble ejercicio de oido
en la vigilia de tu lengua
en la inquietud;
es la resignación de oír el epitafio
ante la muerte.
Cuando vengan a buscarte
con la lengua desatada
a siete grados en la escala de Ritcher,
estaré plantada en la casmodia de negarme,
en la feroz rigidez de la sordera
para volver a la serenidad del hambre
donde no hay relojes,
donde la palabra dura y difícil,
da vueltas y vueltas
peregrinando a trancos
donde el salivajo
mancha los manteles
sin cortarle el paso.
Cuando un solo de tripas la sorprende
en el deseo de ahorcarse
envuelta en una tira de bacon,
queso horadado suizo
y un pedazo de pan,
tu lengua de azúcar
rompe las murallas de la mala palabra,
se instala en el café
después de la certeza de ser dios
prendido al paladar
por las diptongaciones.
Tu lengua es un tambor,
la gran detonación que estalla en el silencio
y no transige
ante el dolor de muelas
o ante el sueño.
Contigo dormirse
ya no es noble ejercicio de oido
en la vigilia de tu lengua
en la inquietud;
es la resignación de oír el epitafio
ante la muerte.
Cuando vengan a buscarte
con la lengua desatada
a siete grados en la escala de Ritcher,
estaré plantada en la casmodia de negarme,
en la feroz rigidez de la sordera
para volver a la serenidad del hambre
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Una noche mientras estuve en Chipre, soñé que encontraba una Rosa Azul. Símbolo de amor y prosperidad. También significa esperanza para el amor imposible. El poseedor de una rosa azul conseguirá todos sus deseos.
Ese sueño me llevó a esta preciosa historia china que hoy comparto contigo. Una historia de amor verdadero. Espero que la disfrutes.
Había una vez un emperador que tenía una única hija. Era su orgullo y alegría, su tesoro. La quería por encima de todo. Al envejecer, su salud comenzó a empeorar y se dió cuenta de que probablemente no estaría siempre ahí para cuidar y proteger a su tan preciada hija. Decidió que sería mejor encontrarle un marido a su hija.
Cuando se supo que el Emperador buscaba marido para la Princesa, muchos llegaron a palacio a pedir la mano de su hija en matrimonio. La Princesa le imploró a su padre. “Padre, permíteme quedarme contigo para cuidarte. No deseo casarme y abandonarte.” Pero su padre fue inflexible. Finalmente dijo que le permitiría elegir la cualidad que el marido elegido debería tener— riqueza, atractivo o cualquier otra habilidad especial. La Princesa dijo que le diría la cualidad a la mañana siguiente.
Aquella tarde la Princesa fue al jardín a hablar con el hijo del jardinero—su compañero de juegos de la infancia. “Si digo que mi marido debe ser guapo, puede ser guapo pero cruel de corazón. Si digo amable, puede ser terriblemente viejo. Oh, qué cualidad debo decir?” Al discutir el problema, la Princesa y el hijo del jardinero llegaron a la conclusión de que debería ser una prueba—difícil pero no tanto como para ser imposible. “Y tiene que ser ambiguo,” dijo el hijo del jardinero, “ para que solo dependa de ti decidir si el hombre la cumple o no.”
Más tarde aquella noche decidieron cuál sería dicha cualidad. A la mañana siguiente la hija del Emperador le dijo a su padre, “Me casaré con el hombre que logre traerme una rosa azul.” El flujo de pretendientes cesó porque ninguno podía encontrar una rosa azul.
Un mercader rico, no queriendo perder el tiempo en la búsqueda de la rosa azul, fue a un vendedor de flores. “Te daré una bolsa de oro si me encuentras una rosa azul” le dijo. Tras una larga e infructuosa búsqueda, el vendedor de flores se dió por vencido. Compró un tinte muy fuerte y metió el tallo dentro. Los pétalos de la rosa comenzaron a volverse azules. “Mantén la rosa en el tinte,” le dijo al mercader, “hasta que se lo des a la Princesa.” El mercader le llevó la rosa a la Princesa. La Princesa cogió la rosa de las manos del mercader. Mientras observaba la rosa, una gota de tinte azul cayó sobre su mano. Ella miró las hojas azuladas y luego miró al mercader fijamente a los ojos. No podía mirarle a la cara. “No me puedo casar contigo,” le dijo. Has intentado engañarme. Quiero un marido que sea honesto.”
Había un apuesto guerrero que quería casarse con la Princesa. Era fuerte y poderoso. Nadie se atrevía a enfrentarse a él. El joven guerrero fue al rey de un reino vecino. “Tráeme la rosa azul,” le dijo, “o te mataré a ti y la mitad de las personas de tu reino.” El rey, que valoraba la paz y no deseaba pelear, le dió al guerrero un zafiro azul en forma de rosa. El joven guerrero le llevó el zafiro azul a la Princesa. Ella miró en sus fríos ojos azules—ojos tan duros como los de la piedra. Le dijo, “No puedo casarme contigo. Debo tener una rosa azul que sea de verdad—no una que sea fría y dura.”
El más joven de los consejeros del rey también quería la mano de la Princesa. Ideó un plan. Le pidió a un artista que creara un cuenco. En el otro lado del cuenco había una rosa azul pintada. El borde del cuenco estaba bañado en oro. Era frágil y delicado—algo de una extraordinaria belleza. El joven consejero se lo presentó a la Princesa arrodillado. La Princesa miró el cuenco y luego miró a los ojos del joven. “Cásate conmigo, Princesa,” le dijo, “Te ayudaré a reinar.” La Princesa negó con la cabeza, “Debo tener una rosa que sea real.”
Aquella tarde se sentó en el jardín y charló con el hijo del jardinero. “Ninguno de ellos me ha podido traer la rosa azul. Debo casarme con alguien que sea honesto y sincero conmigo—como tu. No puede ser duro y cruel. Necesito a alguien que sea amable y paciente—como tu. No quiero un marido que desea solo poder y riqueza. Quiero alguien que me valore por la mujer que soy—como tu. . . . .” “Princesa,” le dijo el hijo del jardinero. “Mañana te traeré la rosa azul. Espérame en la habitación azul justo antes de la puesta del sol.”
Al día siguiente cuando el sol estaba a punto de marcharse, la Princesa se sentó en la habitación azul. El hijo del jardinero llegó con una sencilla rosa blancaen sus manos. “Pero es simplemente una rosa blanca,” dijo uno. “Es el hijo del jardinero,” dijo otro. “Seguro que la princesa le dice que no,” dijo otro.
El hijo del jardinero se arrodilló delante de la Princesa. A través de las ventanas teñidas de azul, los rayos del sol tocaron los pétalos de la rosa. La Princesa cogió la rosa, y se levantó un murmullo. “Sólo es el hijo del jardinero.” “La rosa no es azul.”
La Princesa se levantó. “Queridos súbditos, dejadme que os cuente lo que veo. Veo a un joven que siempre ha sido honesto y sincero conmigo. Veo a un joven que tiene el coraje de ser paciente y amable y esperar a que yo me de cuenta de los sentimientos que hay en mi corazón. Veo a un joven que me valora por quien soy. En sus manos sostiene un regalo de amor. Y es azul. Y si no veis que esta rosa es azul, es que no veis los colores.
El viejo Emperador cogió la mano de su hija y la del hijo del jardinero y las unió. Y la Princesa se casó con el hijo del jardinero y vivieron felices para siempre—no porque la cuentacuentos lo diga—no porque deban acabar así las historias de amor. Sino porque la Princesa y el hijo del jardinero sabían que su felicidad estaba en sus propias manos y que cada uno era responsable de asegurar la felicidad....
lunes, 26 de agosto de 2013
Esto debe ser una de las cosas que más me costaron y dolieron.
Es rarísimo estar inmerso en un mundo de sentimientos que van y vienen de manera desenfrenada dentro mío. Hay cosas que creí que no volverían a pasarme, porqué creí saber mucho acerca de esto del amor. Creí saber lo suficiente como para no equivocarme.
Sin dudas es evidente que tengo que aprender que en esto del amor las experiencias a veces no sirven de mucho. Uno vuelve a caer otra vez en los mismos juegos. En las mismas trampas. Y lo peor de todo, que sumado al dolor de eso se suman el dolor de sentirse una idiota.
Quisiera decirte tantas cosas a la cara. Pero lamentablemente no me queda otra que plasmar mis palabras en un papel que no entiende bien lo que pasa. Quizás critiques el medio. Pero la única razón es porqué no podría hacerlo de otra forma. Si tal vez me vieras ahora lo entenderías, o mejor aún si te dignaras a pensar el porque
Yo soy siempre la que aconseja a todo el mundo en temas de amor. Conozco miles de situaciones diferentes. Algunas que me tocaron vivir a mí, y situaciones que particularmente me hicieron tocar a veces no sé si el fondo, pero era demasiado hondo para mí. Otras que le han pasado mis amigas y amigos. Y nunca termino de sorprenderme.
Pero ahora me toca decir todas esas cosas que dije a toda esta gente a la persona más dificil y en la situación más dificil: a mi misma Es que no tengo ahora con quién hablarlo. Tal vez por orgullo. Y quizás también por vergüenza.
Es evidentemente que algo se nota en mí, no puedo taparlo todo.
No logro entender como funciona exáctamente el universo, pero sí se que hay algo que me cuida y me pone cerca mucha gente que me sirve de contención y de ayuda. Hoy más que nunca estoy rodeado de mis amigos. Más que nunca me preguntan que me pasa. Que dónde dejé esa alegría repentina. Donde dejé el brillo de mis ojos. Donde dejé las ganas. Porque dejé de ir a verte.
Duele tener que mentir cuándo me preguntan ¿cómo estás?, aún sabiendo la obvia respuesta.
“Muy bien,Digo con mi mejor cara de salame, sabiendo que no puedo disimular este dolor que a veces creo que me parte en dos. Pero mucho más duele saber que ellos se dan cuenta que es casi todo lo contrario.
Pero así son las reglas. Y así es la agonía.
Siempre dije: prefieron un dolor agudo y corto, a uno largo y suave. Es como cuando te revientas un granito, y que los médicos te dicen haz un esfuerzo y aprietá hasta que salga la raíz… El dolor es increíble hasta que algo salta, y todo finalmente termina. Quedan unos días hasta que la herida finalmente cicatriza… y podés seguir adelante.
Así que estoy a punto de hacer con esta carta. Sacar la raíz, apretar hasta que salte. No creo que vaya a morir… y la prueba será que estés leyendo estas palabras, así que no deberías preocuparte . Solo estoy tratando de hacerme más fuerte.
Ya te imagino leyendo esto y asintiendo y diciéndome “viste porque sabés mejor que nadie de lo que hablo.
Pero no. No te equivoques. Ser fuerte no significa volverme una insensible”, o más “fría.
Esto a mi criterio es volverse una cobarde. Qué es muy distinto a ser fuerte. Yo podré ser muchas, pero no creo que un cobarde.
Siempre digo:
“Hey… la vida sigue, el planeta sigue dando vueltas, no te podés quedar ahí sentado mientras tanto porqué estás mal”.
Cuando nos conocimos fue una de las primeras cosas que te dije. Alla cuando eramos amigos, tu buen amigo que siempre intentaba de alguna manera hacerte cambiar las tontas decisiones que tomabas porqué sí.
Es difícil seguir andando cuándo estás atado a algo y eso que te ata resulta ser algo que amas con más fuerza de las que tienen tus piernas para caminar hacia adelante.
Parecía tan fácil decirlo desde afuera y me daba algo de bronca cuando quien me pedía un consejo, no me hacía caso. Ahora aprendí que tendré que tener cuidado la próxima vez que diga esto. No es tan fácil.
Pero bueno, en honor a lo que enseñé a muchos, tendré que sacar esas fuerzas. No sé de donde. Una forma fácil de hacerlo sería inyectando algo de bronca, odio e ira. Sería más fácil… claro que sí. Pero sería una actitud cobarde y deshonesta. Y creo que dije que eso es algo que no soy. Así que tampoco puedo hacer eso. Es cierto que las palabras condenan.
¿Sabes algo? Voy a tratar de salir de esto sin mentir a nadie. Ni a la gente que me rodea, ni a ti y ni a mí. No voy a salir a decir que no te amo, porqué es mentira. Y ya me mentí conmigco misma al estar contigo Y así me fue. No más mentiras. No más engaños. Solo verdad. Y que sea tal vez lo que Dios quiera.
No voy a decirte que no te extraño, porque no hay un minuto en el que no te cruces por mi cabeza.
No voy a decirte que no te necesito. Porqué me haces falta, y tal vez más que nunca hoy.
No voy a decirte que no quiero llamarte. Porqué no respiro cada vez que tengo el teléfono en mi mano y mis dedos se van solos discando tu número, y no voy a negarte que se me congela la sangre al escuchar la maldita operadora (cero tres cuatro nueve…) y volver a insistir muchas veces… A veces obsesivamente… otras veces desesperadamente.
Tampoco voy a decirte que no quiero que me llames. Porqué en lo primero que pienso cuándo suena el teléfono es en tu voz.
Para que mentir. Si no puedo. Se me nota. Es algo que no puedo hacer. Dármela de superado es lo más idiota que podría hacer ahora.
Tal vez a muchos les funcione odiar para olvidar. Para mi el odio es una forma más de recordar. Así que no sé muy bien hasta donde puede ayudarme alimentar mi orgullo. Pero hay algo más importante que mi puto orgullo: lo que te prometí.
Prometí no mentirte. Y eso me juega contra ahora. Me mata. Porque podría salir de esto por el camino más fácil de no haberte prometido algunas cosas. Pero lo hice. Y a pesar de que podría quitar esas promesas con todo el derecho del mundo, no puedo. Porque no te voy a dar la posibilidad de que digas: “Me fallaste”…. Nunca.
No es que me arrepienta. No… para nada. Una promete algo cuándo está segura que puede cumplirlo, al menos es lo que trato de hacer. Y si de algo estoy segura es de mi palabra y de mis promesas. De lo que dije esa noche mientras me pedías que no te mintiera como muchos (o todos) los demás lo hicieron antes.
De las quinientas cartas que creo escribí estos últimos días, esta es la que va a ir a parar a tus manos. Porqué es la más sincera. Pero también la que más me duele. Porque la verdad, duele a pesar de todo.
Más aún si tienes que imaginarla.
Peor aún cuando eso que imaginás termina siendo verdad, aún cuándo te dicen que eso que pensaste eran “pavadas”. A veces las pavadas terminan siendo reales.
Ojala y algún día entiendas que todo fue verdad. Puedo entender que estés “quemada”. Que te mintieron y te cuesta creer. Te cuesta confiar porqué te traicionaron de la manera más sucia. De la manera más cobarde. Y de la manera más estúpida: delante de tus ojos.
domingo, 25 de agosto de 2013
Hay un lugar en el mundo.
Donde habita la fantasía.
Allí no hay bueno ni malo.
Solo existe la alegría.
El que tiene una pena
la consuela cada día.
Y el dolor se hace sonrisa
cubierta de fantasía,
Si alguna vez estas triste
y no encuentras el consuelo.
Busca mi isla bonita
esta prendida en el cielo,
Son los ángeles guardianes
de los sueños cada noche.
Los que aportan cada estrella
para encontrar el norte.
En esa isla bonita.
siempre esta todo en orden.
No existen diferencias.
Entre mujeres y hombres.
Son las nubes el encanto
De ese bello lugar,
donde el cariño reboza.
Repleto de amistad,
es mi isla bonita,
del país de la fantasía.
Donde a todos les invito
Para compartir la vida.
Desde estas humildes letras
Muy escuetas y sencillas
Quedan todos invitados
A compartir toda maravilla.
En la isla fantasía
El rincón de la amistad de amigos y poesia
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
